2007/04/23

Renovando material

El pasado domingo volvíamos andando por la Gran Vía, después de unas horas dando vueltas por diferentes bares. A nuestro paso íbamos dejando plantas tiradas a ambos lados, plantas que alguien se había preocupado por arrancar de sus macetas. Viendo la hora que era, alrededor de las 6:00, supusimos que dicha obra de arte tenía como autor a un grupo de chavales, de unos diecisiete años, con una exquisita educación. Pocos metros más adelante, en la calle Ercilla, prácticamente a la altura del hotel, vimos que no estábamos equivocados. Erramos en la edad, pues rondaban más los veinte. Seguían gritando, arrancando plantas y lanzándolas, como una jauría de perros.

El lunes, después de una tarde bastante extraña de domingo, fui a clase. Duro, habiendo estado dos semanas con los libros bien guardados en la mochila. A lo largo de la mañana pude oír a un compañero jactarse de lo poco que iban a durar en una lonja que acababan de alquilar los de la cuadrilla. Decía que en dos días iban a tener problemas con los vecinos por las farolas y papeleras rotas.

Al volver a casa pude ver que, efectivamente, do papeleras ya habían desaparecido. Dos de las cuatro mal contadas que hay en mi barrio. Sin ningún ánimo de acusación, me resulta curioso. Lo digo porque, del mismo modo que ésa, son muchas las cuadrillas y grupos de mi edad que últimamente han hecho de mi pueblo su hábitat natural. Sin duda idóneo, siendo un pueblo donde la policía local brilla por su ausencia. Alguna relación tendrá, sin duda, la presencia de la Ertzaintza día sí, día también esta última temporada. Pero ése es otro tema ya.

Lo que realmente me intriga es llegar a conocer qué satisfacción les produce destrozar el mobiliario urbano entre vítores. Por qué tienen tan poco apego a objetos que ellos mismos van a terminar pagando, como si del sofá de su casa se tratara. ¿Seguirán rompiendo retrovisores en fiestas tras tomar un par de placebos cuando ellos mismos tengan uno aparcado cerca y sepan la gracia que hace? ¿Cuándo verán que el cortijo animal es mucho más variado?

Buscando similitudes con otras especies que utilizan la fuerza como método para atraer a las hembras, no estaría de más comentarles a todos ellos que, en el ser humano, el borreguismo no es sinónimo de atracción. Aunque, analizando un poco la situación, creo que ésta última afirmación no es más que una soberbia chorrada. Ya que, estos últimos meses me han confirmado lo contrario.

Será entonces la afirmación de un sueño, supongo. O de añoranza por años no vividos. De desear haber presenciado, sólo parcialmente, aquellas absurdamente estrictas pero fructíferas clases de civismo donde, entre paja sin sentido, se transmitían valores tan simple como el respeto a lo común, o a las canas. Di que, poco sentido tienen con la exquisita atención que, claramente, reciben en casa.

“Los grandes tesoros merecen ser salvados, y la educación es uno de los más preciados.”

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