2007/05/29

Una estrella fugaz

“Unx no es de donde nace; unx nace de donde es.” [1]

Recientemente, hace poco más de diez días, cumplí dieciocho años en este planeta. A lo largo de éstos, especialmente éste último, me he paseado por una gran cantidad de lugares de diversa índole. Desde Galicia hasta Cataluña, pasando por Túnez, Hannover e Inglaterra, subiendo a algún que otro monte en Pirineos, bajando a Cáceres y bañándome en playas asturianas. Si no de todos ellos, de gran parte conservo, grabadas a fuego en la retina, imágenes, situaciones. He vuelto muchos de esos lugares míos y se han llevado una parte de mí.

Al recibir noticias sobre planes caciquistas que atentan contra los parajes donde todavía me veo fotografiado, no puedo evitar estremecerme. Me acongoja saber que explanadas a las que en su día me costó horas de paseo acceder, gozan ahora de una bellísima carretera de acceso para que aquellxs con el suficiente poder adquisitivo puedan bañarse en un charco burbujeante. Me repatea que las dunas por las que estuvieron lxs vecinxs luchando largo tiempo, hayan cobrado altura con ayuda de vigas y cimientos de hormigón armado.

Las experiencias que en todos ellos he vivido no pueden conducirme sino a sentir pena por la desaparición de lo que, a estas alturas, es razón de mi forma de ser, de actuar. De igual modo que he sido marcado por las relaciones con las personas que me cruzo día a día, han hecho mella en mí las conversaciones mantenidas con jóvenes de realidades diametralmente opuestas, o paralelamente similares; todo depende del punto de vista. Salvando las distancias, claro, no nos pasemos de romanticones.

En estos días post-electorales, atiendo con recelo a los resultados en aquellas provincias donde estuve, con esperanza de ver cumplidos los deseos que entonces me transmitieron.

He observado diferencias y similitudes entre jóvenes de diferentes lugares; he sufrido absurdos prejuicios y disfrutado de largas conversaciones; he compartido aficiones y aprendido nuevas. He sentido reivindicaciones suyas mías, al verlas reflejadas en “mi” lugar. He intentado explicar mi realidad y mis inquietudes, mis preocupaciones y situación.

Al volver a “casa” he revivido, aunque con mayor énfasis, las mismas sensaciones en base. He comparado e igualado sueños, proyectos y deseos. Todo ello me ha llevado a encontrar similitudes, grandes similitudes, más allá de características triviales como el idioma, el acento, el color, la edad… Me ha arrastrado a buscar un enemigo común tras tanta barricada. Me ha enseñado que no soy fruto del lugar donde he nacido, sino que lo he hecho, he crecido y me he formado en todos y cada uno de los lugares en que he sido. Resulta ahora que las marcadas fronteras que delimitaban “mi pueblo” se desvanecen con la facilidad con que lo hace una estrella fugaz en el poblado firmamento.

Y es que, no soy de donde nací, nazco de donde soy en cada momento; el nacionalismo ha resultado ser una enfermedad que se cura viajando [2].

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[1] Mía. Pero, ¿a que no suena del todo mal?
[2] “El nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando” - Pío Baroja
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El extranjero - Enrique Bunbury

Una barca en el puerto me espera
no sé dónde me ha de llevar
no ando buscando grandeza
sólo esta tristeza deseo curar.

Me marcho y no pienso en la vuelta
tampoco me apena lo que...... dejo atrás
sólo sé que lo que me queda
en un sólo bolsillo, lo puedo llevar.

Me siento en casa en America,
en Antigua quisiera morir,
parecido me ocurre con Africa,
Asila, Esaurira y el Rif.

Pero haya donde voy,
me llaman el extranjero
donde quiera que estoy,
el extranjero me siento.

También extraño en mi tierra
aunque la quiera de verdad
pero mi corazón me aconseja:
los nacionalismos qué miedo me dan.

Ni patria ni bandera,
ni raza ni condición,
ni limites ni fronteras:
extranjero soy.

Porque haya donde voy
me llaman el extranjero,
donde quiera que estoy
el extranjero me siento,
porque haya donde voy
me llaman el extranjero...

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