2007/05/03

Esperado des/concierto

Tal como dije el otro día, he aquí un comentario crítico de cuantos he tenido que hacer, a gusto además, a lo largo de este trimestre. El texto a comentar, "Mujeres de armas tomar", escrito por Arturo Pérez Reverte, versaba sobre la atribución de valores tradicional o tópicamente masculinos a las mujeres en sus novelas, y el desconcierto que esto había supuesto para algún que otro contertulio.

La igualdad entre hombres y mujeres, otra ilusión más a punto de colmar el vaso de la hipocresía que a duras penas sostiene nuestra sociedad. Compartiendo camerino con la inmigración, la libertad de expresión y manifestación y otros tantos valores y derechos, espera el momento en que salir al escenario con la cabeza bien alta, segura de poder afincar su presencia y permanencia.

A lo largo de siglos de “evolución” la mujer ha sido maltratada y utilizada, se le ha vetado todo derecho más allá de los de trabajo y reproducción, si podemos considerar el tenerlos; ha sido incluso calificada como la expresión frustrada de un hombre por filósofos. Con el tiempo y la humanización de la humanidad, valga la redundancia, las distancias han ido estrechándose, habiéndose dado la mayor evolución este último medio siglo.

Aún así, tras grandes campañas publicitarias, los cambios familiares, laborales y sociales, los tópicos permanecen impasibles en nuestra retina. Todavía hoy, tal como indica Arturo Pérez Reverte, hay quien se extraña al encontrar valores tradicionalmente atribuidos a “fornidos caballeros” en una mujer cualquiera.

Creo que ya es hora de ponernos realmente en marcha, de aceptar que queda mucho camino por recorrer, de apartar la banda de los ojos. Hemos progresado mucho, sí, pero las baldosas amarillas nos indican, como ya hicieran con Dory en “El mago de Oz”, que el destine sigue lejos.

A riesgo de poder ser tachado de idealista o soñador, afirmaré que la sociedad está preparada para aceptar la diferencia entre físico y persona, para admitir de una vez por todas que hombres y mujeres se diferencian únicamente por el método de complacencia, que hay algo llamado persona detrás de esos sacos de huesos con estaturas, colores y rasgos tan diferentes, clasificados por empeño cultural.

Tenemos a la igualdad vestida de gala, con la voz preparada para dar el mayor concierto jamás escuchando, para retransmitirlo mundialmente. No la hagamos esperar más, lleva largo tiempo esperando.

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