2007/05/15

Miedo a ser, miedo a no ser

Quedan dos míseros días para que dejen de pedirme el DNI en estancos y supermercados. Quedan dos míseros días para que los políticos se acuerden de mí a la hora de reclutar votantes. Quedan dos míseros días para ser “oficialmente” mayor de edad. Y me da miedo.

Después de dieciocho años de teórica infancia, estoy a punto de dar el salto al “mundo de los mayores”, y no quiero. Empiezan ahora, supuestamente, las responsabilidades, la cordura. Ahora es cuando la excusa de “es un crío” empieza a perder su sentido. Atrás quedaron ya esos años de inconsciencia, de inocencia. Hace tiempo que dejé de volar en naves espaciales con forma de árbol durante los recreos, de organizar comunas en el monte. Ha llovido desde que mis preocupaciones se limitaran a comer el bocata de la merienda o jugar con la Barbie, Action Man, Playmobil y muñecos varios. La comida no aparece en la nevera por arte de magia; empiezo a aceptarlo. Toca empezar una nueva etapa, nuevo centro donde “estudiar”, nuevas compañías, prepararme para saltar al mercado, a mantener, como otros tantos millones, el sistema en que vivo.

Dentro de una semana iré a las urnas a depositar un papel que, irónicamente, decida cómo jugarán conmigo. O no, no lo sé. Quisiera ahora más que nunca, echar unos años atrás y estancarme por un rato para disfrutar de ello. Dejar salir al pequeño niño que llevo dentro y que poco a poco he ido matando, estoy matando y voy a terminar por aniquilar. Ese niño al que las discusiones se le olvidaban con un abrazo, pasados diez minutos de la reyerta. El mismo que en su día soñaba con ser mayor, pero que ahora desearía no haberlo hecho.

“Eres mayor”, me dicen. Y me siento ignorante, inconcluso. ¿Cómo voy a ser capaz yo de decidir nada con todas las horas de lectura que tengo pendientes? Largas horas que todavía no he empleado en dar vueltas a la cabeza.

De todas formas, alguien dijo alguna vez que el miedo es lo que nos hace sentir vivos, y no soy el primero, ni seré el último en llegar a esta situación, creo. El miedo me ataca, pero yo soy más fuerte. El tiempo me dará la razón, o me la arrebatará a bofetadas. Ya lo veremos.

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El año pasado, o hace dos, no me acuerdo, fuimos a Algorta a ver una película española dentro de un programa que promovía el Gobierno Vasco relacionada con la asignatura de Ética (jeje). “Héctor” era el título, Gracia Querejeta la directora. Me encantó una canción de Pedro Guerra con la que, si mal no recuerdo, terminaba el filme. La conseguí pocos días después y no se ha movido de mi disco desde entonces. Me ha venido a la cabeza durante el último viaje de metro, mientras escribí este texto. Algunos fragmentos:

Miedo - Pedro Guerra

tienen miedo de subir y miedo de bajar
tienen miedo de la noche y miedo del azul
tienen miedo de escupir y miedo de aguantar
miedo que da miedo del miedo que da

el miedo es una sombra que el temor no esquiva
el miedo es una trampa que atrapo al amor
el miedo es la palanca que apago la vida
el miedo es una grieta que agrando el dolor

tienen miedo de reír y miedo de llorar
tienen miedo de encontrarse y miedo de no ser
tienen miedo de decir y miedo de escuchar
miedo que da miedo del miedo que da

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