2008/04/22

Complicidad


Todavía tengo la vista nublada, recuerdos del sábado. He ido a clase tras vencer con esfuerzo a la pereza. La verdad es que tampoco he hecho mucho. Cinco horas de clase en las que he copiado todo, he terminado los ejercicios, pero de lo que recuerdo bien poco. De ahí, protegido de la lluvia con un maltrecho paraguas y similar compañía, a comer a casa. Sin haber tragado el último bocado, metro y de visita a sacar de la UVI un pobre ordenador. Otra vez hacia el metro, lo veo llegar, corro, casi me caigo a baja las escaleras, lo mismo me sucede al subirlas, entro por los pelos (aunque resulte gracioso que lo diga yo), y con la respiración entrecortada busco un sitio. Según estoy sentándome, percibo que alguien me mira. Espero a haberme acomodado, extraigo el cuaderno de paranoias de la mochila, y discretamente echo un vistazo a mi alrededor, como quien busca inspiración. Poco más allá, en los asientos abatibles, dos oscuros ojos me miran fijamente. Tan pronto como perciben el cruce, apartan su destino, lo dirigen a la ventana, puerta. Me quedo un poco pillado, y no puedo evitar observar repetidamente a ese joven. Parece tímido, eso expresan sus gestos. Permanece acurrucado, cabeza ligeramente gacha. Las piernas pegadas y los pies bajo el asiento. Juguetea con una bolsa que tiene entre las manos, sin meter ruido, pero sin dejarla tranquila. Inspira inocencia, no sé, parece un buenazo. Él tampoco parece querer dejarme en paz, y en un par de ocasiones más nos cruzamos, chocan nuestras “sutiles” barridas. Nos miramos por unos segundos hasta que la vergüenza, el miedo o yo que sé nos hace apartar los ojos. El caso es que no puedo evitar dejar de hacerlo. Y no sólo me sucede a mí. Me sueno, pero no sé de qué. Se parece mucho al hermano de una amiga, pero ése es más pequeño, éste tendrá catorce años ya. Aquel no paraba quieto, estaba más delgado, casi esmirriado, y muy sonriente. Este parece mucho más formal. Finalmente, con un hilillo de voz, me pregunta:

- ¿Eres amigo de Arrate?
- Sí. ¿Tú su hermano?

Una sonrisa de oreja a oreja me otorga la suficiente complicidad como para deducir una respuesta. ¡Manguan! Que la gente también crece, no sólo tú. En fin, a ver si empiezo a fijarme un poco más en mi alrededor, que para cuando me dé cuenta estaré yendo al funeral de ésx, o vendrá contemplar mi cuerpo inerte. Además, me pierdo muchos detalles, con lo divertido que es simplemente pararse a observar cómo se mueve y actúa la gente.

2008/04/20

Por enésima vez

No, no y por enésima vez ya, no; otra vez más es demasiado. Es verdad que pasamos prácticamente todo el día juntos, si tenemos en cuenta que éste termina a las 14:00 y descontamos los fines de semana. Es decir, cuando no veis. Nos sentamos normalmente juntxs en clase, vamos al aula de estudios y jugamos al mus. No voy a negar que físicamente me atrae. Vamos, hablando rápido y mal, que tiene un polvo. Bueno, unos cuantos. Pero punto pelota. De ahí a interpretar que voy a meterle el morro, que me gusta oq ue saldría con ella, hay un trecho, distancia que no tengo intención alguna de recorrer. Ahora, al menos, no. ¿Las razones? Ya sé que “excusata non petita, accusatio manifesta”. Por otra parte, no sería la primera vez que alguien me acusa de no creerme las formulaciones que yo mismo prentendo defender. En cualquier caso, ahí van:


Si bien es cierto que una persona pasiva no me vendría mal, en oposición a mi, a veces, frenética actividad, tampoco es plan de buscarse la antítesis, como ésta parece serlo. Por lo poco que he podido ver, y aunque me gusta que me den caña (Sugoi dixit), pasaríamos los días de bronca en bronca. Lo cual no está del todo mal sia tendemos a las reconciliaciones, pero acaba quemando irremediablemente. El hecho de tener la residencia desplazada durante los fines de semana, unido a la pasividad ya mencionada, puede derivar en una relación lectiva, con vigencia únicamente durante las horas así consideradas; lo cual influiría irremediable y negativamente en mi rendimiento académico, de por sí ya dudoso, además de fusilar cualquier posibilidad de subsanar los déficit dominicales. No hay que olvidar el pequeño detalle constituído por el hecho de que tiene algo así como un novio. Punto tan prescindible como crítico. Tampoco estoy ahora preparado para suplir ese hipotético puesto, ya que innumerables conflictos me lo impiden. Eso sin contar con que, muy posiblemente, alguna diminuta diferencia ideológica, como puedo serlo la base de nuestra postura, llegaría a dinamitar cualquier atisbo de relación. No son iguales los objetivos, ni el filtro con que buscarlos.

Aunque me encantaría verlo con otros ojos y creer en esos gestos, en las mismas miradas perdidas. La sangre ligeramente helada invade mi cuerpo, caigo y afirmo con rotundidad que no, que es imposible improbable. ¿Por qué? Porque las mariposas no revolotean en mi interior con el suficiente énfasis.

¿Qué problema tiene?

“Las drogas están ahí, y se pueden conseguir. ¿Cómo las vas a usar? Es un asunto tuyo y no le importa a nadie más [1].” Algo así cantaba Evaristo, de La Polla Records, hace años. Resulta interesante, no sólo por qué y cómo lo dice, sino porque es una buena razón para hablar de esas substancias que tanta controversia han levantado durante siglos. Cocaína, speed, LSD, marihuana, alcohol, heroína, MDMA, MDA, tabaco, ketamina, peyote, ayahuasca, anfetaminas... Las hay de todas las formas, colores y nombres. Para beber, fumar, comer, untar, esnifar, inyectar e inhalar. Sírvanse y decidan la vía que más rabia les dé, o aquella que les resulte más placentera menos desagradable.

Ahora mismo reina el punto de vista catastrofista a más no poder ante aquellas declaradas ilegales, todas aquellas que carecen de regulación gubernamental y no tienen una empresa como mediadora. Son lo peor de lo peor, porque matan. Y, aunque no te maten, anulan ciertas facetas, te dejan tontx que se dice. Además son adictivas, y ya sabemos que las adicciones son malísimas de muerte, casi todas. Crean una dependencia de la que es difícil huir, y que acaba arruinando la vida de cualquiera.


Todo lo dicho es cierto, hasta cierto punto, pues no puedo evitar la comparación con la televisión, los centros comerciales y todas la pastillas recetadas bajo el amparo de la ley, con ciega fe en sus soluciones, con nulo cuestionamiento sobre su función. Algo tengo claro, y es que una persona sociable, vital, curiosa, implicada y movida no tiene necesidad alguna, en principio, de éstas. Alguien que goza de la imaginación y no tiene problemas de ocio, claramente puede prescindir de ellas. Sin embargo, y aquí está la otra cara, prestemos atención a esos casos en los que su consumo y la tranquilidad o desinhibición que ofrecen ayudan un poquito en ese camino a la tan ansiada felicidad. ¿Qué es peor, sin llegar a la muerte, fumar un cigarrillo de la risa o matar las tardes de los sábados derrochando esos pocos ahorros en la Gran Vía? ¿Qué anula más tu ocio y coarta tus aficiones, el gasto desmesurado de horas frente a la caja tonta o un viaje en compañía?

Un viaje a esas zonas de tu cerebro a las que, aunque podrías, difícilmente lograrías llegar por tus propios medios. Otras formas de percibir esta realidad que te rodea, de reinterpretar los pulsos porque te guías, retirar el filtro que marca tus percepciones y verlas con otros ojos. No pretender esto ser una apología al consumo de substancias non gratas, pues la dama de la guadaña rara vez llama dos veces en estos casos, pero ojalá la mitad de lxs que cogen el coche después de haber pimplado considerablemente decidieran ir al monte y experimentar con LSD entre campas, estrellas y llamativas luces. Me gustaría ver cómo girarían los engranajes si temblaran la mitad de ellos, tuviesen psicodélicos colores otros tantos y fueran unos pocos los que cumplieran escrupulosamente el fin para el que fueron creados. No estaría mal ver a la gente contemplar con indiferencia, o incluso con un ápice de empatia, a ésx que cruza con un aliñado en la boca. Estoy un poco cansado ya de soportar las indiscretas miradas cuando espero al metro, o realizo ejercicios papirofléxicos por alguna calle céntrica. Señora, el tabaco también se puede fumar liado, parece mentira que no viera a Lucky Luke. Además, aunque realmente fuera ilegal, como usted piensa, ¿qué problema tiene? ¿qué satisfacción le produce mirarme con desprecio cuando ni siquiera va a mover un dedo para evitar eso que le corroe por dentro? Preocúpese cuando vaya a agredirla, esté conduciendo o opte por destrozar el mobiliario urbano. Llevo años ya y creo que todavía mi conducta no se ha visto alterada excesivamente a ojos ajenos como para resultar preocupante en grado superlativo. Un poquito de por favor.
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[1] No Aburras – La Polla Records

Crítica, actitud

¿Malo o bueno? ¿Estúpido o inteligente? ¿Frío o caliente? ¿Blanco o negro? No hay lugar para el gris. La radicalidad, el extremismo en las acciones te define. No hay lugar para términos medios, situaciones a caballo entre la ciudad de la verdad y la mentira.

Empleando términos bélicos, o estás conmigo o estás contra mí. La indiferencia se torna sinónimo de enemistad. La simple duda te catapulta al punto de mira. Una actitud de diálogo y comprensión en favor del enemigo no es más que una acción de traición a la unidad del pelotón.

Actitud simplista, infantil e irracional. Acorde con “el fin justifica los medios”, que defendía Maquiavelo. Y tan absurda como su aceptación en términos generales. Sin sentido alguno, dando por supuesto que el fin lleve implícita la resolución del conflicto. Loable, sin embargo, si el simple hecho de promover una guerra sin cuartel se torna fin.


El científico que, lejos de buscar, analizar y concluir tras muchas pruebas la veracidad de su tesis, modifica éstas como mero medio de justificación, ni es científico ni es na’. Manos, si cabe, en caso de que quede demostrado que su objetivo consistía en la adquisición de poder y enaltecimiento de su persona en la comunidad, en lugar de defender los valores que promulga. El conocimiento de la verdad, absoluta o no, el juicio que responde a ello es dependiente de cada unx, pasa ineludiblemente por un punto de indeterminación, de duda, de cuestionamiento. La defensa de una interpretación propia como hecho objetivo o universal es muestra inequívoca de falta de carácter crítico y lógico. La defensa irracional de una posición es puerta de la inseguridad y el miedo, reflejo del desconocimiento.

¿Malo o bueno? ¿Estúpido o inteligente? ¿Frío o caliente? ¿Blanco o negro? No hay lugar para el gris. La radicalidad, el extremismo en las acciones define tu posición. No hay lugar para términos medios, situaciones a caballo entre la ciudad de la verdad y la mentira.

“Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.”
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A continuación, añado un texto de Eric Fromm (seguidor de Sigmund Freud), parte del todo que es “El arte de amar”:

"Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados, en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de la angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatividad humana.

[…]

El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en “Un mundo feliz”: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante, sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o, como afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día”. La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”."

2008/04/15

Ácida y locuaz


Creo que me he enamorado. Otra vez. Y ésta es grave, muy grave. La chica es un poco más joven que yo, entre dos y tres años, no estoy seguro. Tiene algo en la cara que mantiene a quien la mire anonadadx, atónitx, estupefactx. El cuerpo no es ninguna maravilla, tampoco se preocupa por exhibirlo. Del montón. Pero su personalidad, la forma de ser, es, es, no sé definirla. Tiene un sentido del humor ácido, siempre irónico, con cierto punto de sarcasmo a veces, como método de protección. Es locuaz, pero no charlatana. Habla mucho de los pocos temas que le atraen, en los que se queda sola. Le encantan el rock de los setenta y las películas de miedo (creo que en este punto habría que depurar diferencias). El resto del tiempo es simplemente cordial, aunque a su extravagante manera. Es independiente, y tan madura para su edad como inmadura en momentos concretos. Es fuerte, pero como a todo el mundo, no puede evitar que se le caiga el alma a los pies de vez en cuando. Despreocupada en apariencia, pero un poco responsable en el fondo. Su nombre le viene como anillo al dedo. Lo adquirió de la diosa del matrimonio y de ella lo cogió prestado un mes también.

Sólo tiene cuatro problemas, puestos a encontrárselos, que me impiden pedirle matrimonio mañana mismo. El primero es que acaba de tener un hijo, bueno el año pasado. El segundo que vive en América del Norte. Tercero, tiene novio y le quiere. Y por último, no por ello menos importante, sino peor, nació de un viscoso líquido negro, y en él vivirá por siempre. A mí llegó a través de pixeles convenientemente alineados, pero se trataba de una apariencia temporal. Tinta fue, tinta es, y tinta será. Una pena, pero, ¿qué le vamos a hacer? Esperar y soñar . Total, ambas cosas salen baratas.