2007/11/12

Lo has dicho todo

- Prefiero aclarar ciertos puntos antes de nada, no vaya a ser que tomemos ideas equivocadas y luego haya que lamentarlo. ¿Nosotrxs qué tenemos?

- ¿Cómo que qué tenemos?

- Sí. Quiero decir, nos liamos hace un mes y pico, y desde entonces hemos quedado todos los findes. ¿Tú a eso cómo lo llamas?

- Bueno, se puede decir que estamos saliendo, ¿no?

- Define saliendo.

- Pues que tenemos una relación de pareja.

- Que tenemos una relación es obvio, desde hace unos años. Que somos pareja, de cajón también. Pero creo que te refieres a algo más. Me refiero a un sentimiento por encima del que podemos sentir por cualquier otra persona. Un ejercicio de compromiso y fidelidad, de confianza. ¿Me equivoco?


- No, supongo que algo así.

- Por eso mismo quería hablarlo. Poniendo los puntos sobre las íes, a mí me gustas, en el sentido más amplio de la palabra. Por eso hemos quedado unas cuantas tardes para ver alguna película, dar una vuelta o acabar discutiendo. Coinicidos en muchas cosas, básicas, y eso me gusta. No estamos de acuerdo en otras tantas, y me encanta.

En la cama me lo paso bien, disfruto y aprendo, me relajo y altero, no tengo ningún problema. Y eso que las veces están todavía contadas. Pero, así y todo, no puedo exigirme fidelidad hacia ti, ni obligación. Si me gusta estar contigo es por eso mismo, porque lo hago cuando quiero, sin ningún tipo de presión. Me gusta tener la libertad de poder decir que no, y que me lo digas sin esperar movida por ello.

Además, el sexo ya lo tenemos, y no encuentro ninguna diferencia más comparando con cómo estábamos. No vamos a casarnos, ni a tener hijos, no vamos a adoptar una hipoteca, no a corto plazo al menos. Los problemas los vamos a tener igual, y no se me van a taponar las orejas de repente.

Pero, al igual que contigo, quiero poder quedar con cualquier otrx, para lo que sea, cuando sea, tirármelx sin cargo alguno de conciencia. No quiero querete por encima de todo lo demás, porque cuando falles me caeré sin remedio. Ya lo he hecho antes, y paso. Además, luego tengo que aprender a pedir perdón, pierdo la sinvergonzonería, la nula preocupación por “¿qué estará pensando estx de mí?”

Y bien, ¿qué dices?

- Ni que me hubieras dejado respuesta, lo has dicho todo.

2007/11/06

Visos de locura

Toda expresión artística no tiene que tener un porqué, una razón de ser, un objetivo final más allá del hecho de haber sido creada. La propia satisfacción por la creación es ya mérito suficiente. Ocupar el tiempo en algo que tranquilice y entretenga, frutos tangibles del atosigante ocio. Aunque bien es cierto que, a menudo, éstas buscan transmitir también un mensaje, quieren dar a entender algo por los medios que les han sido otorgados. Un gesto de agradecimiento, de reprimenda o de tremenda admiración, todo es posible.

No siempre debe quedar explícito a ojos de cualquiera, y son muchas las técnicas a nuestro alcance para desviar el propósito final, si es que lo hubiera, pero logrando mantener al mismo tiempo, intentando al menos, la atención de quien lee. Se puede, de mientras, encauzar a alguien en concreto para que interprete aquello que no está escrito, el mensaje más oculto que las frases entre líneas.

Podría comentar ahora mismo, por ejemplo, la curiosa forma que tienen en mi pueblo de subir las compras a un piso sin ascensor. Lo explicaría, sin duda, indicando que desde mi casa pude ver la semana pasada cómo un hombre subía gracias a una polea motorizada las bolsas que su mujer iba cargando en la acera. De hecho, podría ser una buena idea ilustrarlo con una fotografía tomada en tan inusual momento.


Otra alternativa sería mencionar la diferencia de edad que me separa del mayor de mis hermanos. Un número redondo, como los vasos de cubata. Y es que coincide con el precio de cindo combinados en cierto bar de un pueblo limítrofe. El primero en ser, a la vez, múltiplo de tres y cinco. “Meses” se apellida, y es innegable la importancia que en mí ha tenido durante este último año.

Puede parecer del mismo modo intrascendente comentar el esfuerzo que me supone ahora mismo elevar mi cuerpo de una butaca cualquiera, y los pinchazos estomacales que acompañan a dicho gesto. O incluso mencionar el dolor de bolas que me acompaña a todas partes. La incómoda sensación que sienten mis piernas al subir las escaleras, o simplemente caminar con acelerado. Nota mental: tengo que acordarme de hacer más ejercicio.

Comentarios inconclusos e incoherentes, puede, pero no del todo inútiles. Suficientes para un discreto agradecimiento y para esbozar gestos de asombro, transmitir visas de locura o directamente lanzar flechas de incomprensión. Un texto sólo por escribir, por ver qué sale, cómo. Por analizar por qué ha salido, cuándo y dónde. Por concluir para qué. Una expresión artística sin un porqué inicial, pero con un objetivo final.

Si no has entendido nada, me alegro, ése era el fin. Si lo has hecho, eskerrik asko denagatik, eta badakizu erantzunaren zain nagoela.

2007/11/04

Ríos de ácido

El calor es insoportable, percibo el sudor de todxs lxs asistentes a este ritual con cada nueva bocanada. Es así como lxs sitúo, pues me cuesta verlxs. La capa de humo que se ha formado y el vergonzoso estado de mi vista me lo impiden. Salgo a tomar un poco el aire. Para suavizar el contraste, dejo que las cenizas bailen a mi alrededor.

Un rato después, no sabría decir cuánto, vuelvo a entrar. Es inútil. Decido abandonar la estancia y recorrer solo los metros que me separan de la cálida cama que me espera. Abrígome e inicio la huída. Siseando por la acera, “Marea” como banda sonora.

Sistemáticamente introduzco mi mano en el bolsillo interior y extraigo de él un trozo de plástico verde. Encuentro el billete que obliga a los guardianes a abrirme paso. Con mi llegada desaparecen en sendas ranuras, y sin mayor complicación accedo al interior. Veinticuatro minutos de espera me quedan. Decido dejar mi cuerpo reposar sobre un objeto metálico rectangular ligeramente agujereado.

Poco a poco, percibo que mis ojos se cierran. Cada vez que los abro, algún ente invisible los agita impidiéndome enfocar correctamente. El grupo que suena cobra más fuerza cada vez. Normal, he apoyado la mano izquierda en “vol +”. Lo ajusto y obligo a mis pies a soportar el peso de todo el cuerpo. “Mejor imposible”, camino lentamente esquivando las juntas que dividen las baldosas del suelo. El letrero luminoso que se encuentra imponente a media altura marca algún minuto menos conforme voy completando vueltas a mi circuito particular. Decido, a fin de aligerar la espera, mirar únicamente tras haber completado, al menos, un par de vueltas. Dieciocho, dieciséis, catorce, doce, diez, ocho, seis, cuatro... Dejo de mirar, me he aburrido.


Un ruido familiar llama mi atención repentinamente, aún por encima de la música. Una gran serpiente con ojos blancos y la frente serigrafiada en rojo se acerca sobre dos raíles de metal. Con curiosidad toco un botón y me abre sus puertas. Accedo, acepto su invitación. Un joven ronca a la derecha. Junto a él otros dos conversan alegremente. Éstos llevan boina y un consolador colgado a la cintura. Detrás, esposas enfundadas en cuero. Yuyu. Mejor me siento a la izquierda.

Parte la nave, siguiendo un recorrido más tortuoso que nunca. Siento que mis ojos vuelven a tener problemas de enfoque. Pero aquí el paseo no es una opción viable. El suelo carece de baldosas y su estabilidad goza de un sorprendente factor de duda. Pasa una estación, pasan dos, llega la tercera. Contracciones inconscientes cobran fuerza en mi interior. No, aquí no. Vete a saber lo que te puede hacer la pareja del cuero. Aguanta hasta la siguiente. Pero, buf, luego hay que esperar media hora hasta el siguiente. Total, sólo faltan tres más para llegar. No, no puedo.

Mis pies se dirigen a la salida, esta vez los guardias tardan más en apartarse, y reciben mi primer saludo como reprimenda. Giro la esquina, apoyo las manos sobre la pared y agacho ligeramente la cabeza. Siento como ríos de ácido corren por mi interior, fluyen libremante a través de mi gargante, de mis orificios nasales. Abro los, ojos, y compruebo cual había sido mi cena, por si acaso se me había olvidado. Parece que no hay una fuente cerca, y sólo dispongo de una servilleta. Tengo trozos de macarrones metidos hasta el tuétano.

Con poca discreción, pues la hora no la requiere, expulso cuanto puedo de mi interior, y me dirijo con paso lento y curvado hacia casa. Sabor ácido y amargo en mi boca, con un pequeño trasfondo dulce. Cuarenta minutos de divagaciones me esperan. Cualquiera sabe qué puede suceder...

PD: Ahora puedo decir más que nunca que “vomité mi alma en cada texto que escribí” (Modificado de Jesucristo García – Extremoduro).

Electro-sex

Mi relación con la música electrónica nunca ha sido especialmente estrecha, más bien podría describirse como una sucesión de tormentos. Y es que a ella han ido a parar inconscientemente las causas de desgracias todos estos años. Ha resultado ser una alcantarilla perfecta donde tirar toda la mierda. A ello han contribuído mi nulo sentido musical y los estereotipos vigentes, a menudo confirmados por ciertos especímenes calificados como humanos. Durante largo tiempo, estos prejuicios y odios han estado extendidos también al hip-hop y en gran medida al pop. Poco a poco voy consiguiendo perpetrar una mínima distinción entre imagen y contenido, y soy más o menos capaz de escuchar algunas canciones y grupos sin que esa insoportable sensación de asco y ganas de vomitar me invadan, sin que la repulsa cause erupciones en mi piel, y sangren mis oídos. Empiezo a relacionar los estilos con situaciones/actitudes que me resultan gratificantes, incluso excitantes podría decir, pues hacen revolotear mariposas dentro de mí.

El otro día, después de llegar de no sé dónde o hacer no sé qué, me quedé solo en casa. Bajé la persiana que durante el día impide a los rayos quemar mi piel, cerré la puerta para que ningún alma errante entrara a mi redil, puse a tope la banda sonora de “Réquiem por un sueño” y me tumbé sobre la cama.


Yacía allí, sonaba “Summer overture”, y pensé en lo guapo que sería echar el palo con esa música marcando ritmo. La música ambiente que normalmente me agrada está más cerca de un “Hoy te la meto hasta las orejas” (Extremoduro), “Alucinante” (Platero y tú) o “Un perro como tú” (Poncho K). Canciones bastante más explícitas, todo hay que decirlo. “El roce de tu cuerpo” (Platero y tú) para una reconciliación, seguida de “Corazón de tango” (Doctor Deseo). O “La vereda de la puerta de atrás” (Extremoduro) junto con “Ama, ama, ama y ensancha el alma” (Extremoduro) para un momento bobalicón. Resulta más fácil, pero, que los pulsos de mi cuerpo sigan el ritmo de una base marcada que el de una guitarra eléctrica. La batería queda cubierta por la voz en el orden de prioridades, por lo que tampoco resulta un punto de referencia válido.

Allí estaba yo, tumbado en la cama, boca arriba, en estado quasiletárgico e imaginando un polvo hasta el culo de éxtasis con luz ténue, cuerpos sudorosos, y “Party” taladrando mi cerebro, moviendo mis brazos, mis dedos, mis llemas, moviéndome, “Lux Aeterna” agitando mi pecho, mi pelo, mis piernas, agitándome, guiando mis labios, mis pensamientos, guiándome.

En fin, algún día.

Prostituyendo la web 2.0

Hace tiempo surgió un concepto tan desconocido como extendido y utilizado hoy en día. Versaba sobre el gran salto en que se vio inmersa la red con el cambio de interacción por parte de lxs usuarixs. La información unidireccional, el sistema a través del cual los datos llegaban únicamente del creador de un espacio a lxs visitantxs, se vio revolucionada por todos los mecanismos sociales que se crearon. Surgieron de repente nuevas alternativas de fácil manejo para que cualquiera con un rato libre pudiera tener su pequeño hueco en el vasto océano. Ahora todxs participábamos de la web, todxs podíamos tanto subir como bajar archivos, las opiniones no estaban delimitadas a aquellas bocas con conocimientos avanzados. Gestores de contenidos los llamaron, y aquí se incluyen las atractivos sistemas de foros, así como todo tipo de bitácoras y las conocidas páginas de vídeos, música e imágenes. El abanico es realmente amplio para que tanto lxs más torpes como quienes conocen exhaustivamente los procesos puedan hacer uso de ellos. Nació la red social.


Con el tiempo, las alternativas a nuestro servicio para llevar a cado todas las acciones mencionadas son practicamente innumerables. Las hay de todos los colores, tipos y precios. Y tampoco se libran de las modas. Ni de estas, ni de el interés de las empresas por que el número de usuarios que computa su base de datos sea mayor cada día. Sin entrar a valorar con qué fin se crean y utilizan ciertas “bitácoras”, sin criticar el hecho de crear un sitio donde vanagloriarte de tus fiestas y tu dudoso atractivo físico que te acompaña aderezado con un toque de inmadurez, sin juzgar el hecho de publicar entradas única y exclusivamente por figurar, quisiera de alguna manera llamar la atención sobre la prostitución que está padeciendo.

Que para ser persona tienes que tener un blog, es mentira. Que un flog te da más caché, no tiene veracidad alguna. Por lo tanto, abrir un espacio por el simple hecho de que el resto lo hace no deja de ser absurdo. La apertura de una página requiere de cierta constancia, aunque nosotrxs determinemos el periodo que la caracteriza, y, sobre todo, ganas de llevar a cabo actualizaciones. No debe ser una obligación, es nuestro ocio, debería ser para disfrutar.

Del mismo modo, crearla y actualizarla con mayor o menor asiduidad pero no permitir comentario o réplica alguna supone una estrepitosa carcajada a la proveniencia de aquello que estamos utilizando. Estamos aprovechándonos de un sistema para la interacción, limitándolo a un lugar donde alimentar nuestro ego. Un espacio así, creo, debe estar abierto a la opinión de quien quiera, siempre y cuando guarde un mínimo de respeto. Si el sistema que utilizamos no nos lo permite, hay muchos otros iguales o muy parecidos, como ya he comentado.

De otra forma, sólo conseguimos encontrar mierda a raudales cada vez que navegamos en busca de un blog interesante al que echar un vistazo. Y, la verdad es que desmoraliza más que un vistazo a los apuntes de cálculo...