2007/11/25

Presión en mis yemas

El sol se despide de nosotrxs. Sus últimos rayos nos abrazan antes de ocultarse tras el lejano horizonte, antes de hundirse en las tranquilas aguas que ansiosamente lo esperan. Nos deja con la Luna, con ella y la cálida brisa que, como olas, crea caprichosas formas en la campa donde nos encontramos. Cada una de las hojas bailan en una danza incierta, tanto como hermosa. No hay nadie en esta loma, tan cerca de todo y tan lejos de nada. Es hora de cenar, todo el mundo está en sus casas disfrutando de copiosos manjares, o buscando en la basura. Paradojas de la riqueza. Da igual, lo importante es que no hay nadie que nos moleste.


Apoyado a en un arbol, el único, al parecer, ella se encuentra sentada entre mis piernas. La abrazo con fuerza, la mantengo cerca, huelo su pelo, dejo que esa fragancia, única, me invada, se adueñe de mí por un instante y pierda toda consciencia. Las yemas de mis dedos se pierden en su cabello, desaparecen en forma de caricias. Una pregunta formulada como susurro alcanza su oído y, con el debido permiso, corren hacia la cadera mis manos, juegan con el límite marcado por unos finísimos pantalones. Haciendo caso omiso de cualquier frontera, leves gemidos hago llegar. Dulces ellos, los percibo intercalados con húmedos besos en mi cuello.

Se tumba, me tumbo a su lado. Siguiendo con el placentero juego, acabo sentado sobre ella. Mis manos sobre sus pechos. Las suyas en mis culos. Siento una fuerza arrastrando mis huellas, hasta situarlas alrededor de su mandíbula. Ella me sonríe. Aprieto. Sus labios se tornan mueca. Con todas mis fuerzas. Mueve las piernas, agita su brazos, intenta gritar, levantarse. Los dedos casi amortados. Al fin para. Con los dedos temblando cierro sus ojos, esos grandes ojos.

La he matado. He matado a mi ilusión, mi sueño, mi esperanza. ¡Por fin lo he conseguido! Tanto tiempo escondiéndome, perdiendo tiempo de estudio y trabajo para nuestros paseos secretos, ocultas conversaciones, paraísos temporales. Tantas noches en vela imaginando nuestro próximo encuentro, reviviendo el placer robado. Por fin lo he conseguido, pero, ¿por qué lo he hecho?

Terrorismo poético

Hakim Bey

BAILES INVEROSÍMILES EN CAJEROS automáticos nocturnos. Despliegues pirotécnicos ilegales. Land art, obras terrestres como extraños artefactos alienígenas desperdigados por los parques naturales. Allana moradas pero en vez de robar, deja objetos poético-terroristas. Secuestra a alguien y hazlo feliz. Elige a alguien al azar y convéncele de ser el heredero de una inmensa, inútil y asombrosa fortuna -digamos 5000 hectáreas en la Antártida, o un viejo elefante de circo, o un orfanato en Bombay, o una colección de manuscritos alquímicos-. Al final terminará por darse cuenta de que por unos momentos ha creído en algo extraordinario, y se verá quizás conducido a buscar como resultado una forma más intensa de existencia. Instala placas conmemorativas de latón en lugares (públicos y privados) en los que has experimentado una revelación o has tenido una experiencia sexual particularmente gratificante, etc. Ve desnudo como un signo.

Convoca una huelga en tu escuela o lugar de trabajo sobre las bases de que no satisfacen tus necesidades de indolencia y belleza espiritual.

El arte del graffiti prestó cierta gracia a los laidos subterráneos del metro, y a los rígidos monumentos públicos; el TP también puede ser creado para lugares públicos: poemas garabateados en los lavabos del juzgado, pequeños fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches aparcados, Consignas en Grandes Caracteres pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas anónimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar (fraude postal), retransmisiones piratas de radio, cemento fresco...

La reacción o el choque estético provocados por el TP en la audiencia han de ser al menos tan intensos como la agitación propia del terror -asco penetrante, excitación sexual, asombro supersticioso, angustia dadaesca, una ruptura intuitiva repentina- no importa si el TP va dirigido a una sola o a muchas personas, no importa si va "firmado" o es anónimo, si no transforma la vida de alguien (aparte de la del artista) es que no funciona.

El TP es un acto en un Teatro de la Crueldad que no tiene ni escenario, ni filas ni asientos, ni localidades, ni paredes. Con objeto de que funcione en absoluto, el TP debe desvincularse categóricamente de toda estructura convencional del consumo del arte (galerías, publicaciones, media). Incluso las tácticas de guerrilla situacionistas de teatro callejero resultan ya demasiado conocidas y previsibles.

Una seducción exquisita -conducida no sólo por la causa de la mutua satisfacción sino también como acto consciente en una vida deliberadamente bella- puede ser el TP definitivo. El terrorista P se comporta como un estafador cuyo objetivo no es el dinero, sino el CAMBIO. No hagas TP para otros artistas, hazlo para gente que no repare (al menos por un momento) en que lo que has hecho es arte. Evita las categorías artísticas reconocibles, evita la política, no te quedes a discutir, no seas sentimental; se implacable, arriésgate, practica el vandalismo sólo en lo que ha de ser desfigurado, haz algo que los niños puedan recordar toda la vida -pero no seas espontáneo a menos que la musa de TP te posea-.

Vístete. Deja un nombre falso. Se legendario. El mejor TP está contra la ley, pero que no te pillen. Arte como crimen; crimen como arte.


Extraído de “CAOS: Los pasquines del anarquismo ontológico” (1985), publicado también posteriormente como parte de su trabajo más conocido: “TAZ: Zona temporalmente autónoma, Anarquía ontológica, Terrorismo Poético” (1991).

Podéis encontrar más información sobre el autor en la wikipedia, ya sea por medio de “Hakim Bey” o “Peter Lamborn Wilson”.

2007/11/20

Soledad que te pegas a mi alma

Este finde ha sido raro, muy raro. Ahora mismo estoy jodido. Físicamente, pues los horarios han brillado por su excentricidad. Largas horas de sueño impulsadas por la apatía, y extrema actividad a horas poco convencionales. Pero, sobre, todo, emocionalmente. He revivido sensaciones que creía superadas ya [1]. Comecocos hace tiempo concluidos [2]. Rompecabezas descifrados [3]. Puzzles con esfuerzo y paciencia solucionados [4]. He estado solo en compañía, pero solo al fin y al cabo [5]. Con necesidad de ahogar entre abrazos, pero sin un mísero peluche a mano. Ganas de llorar, recámara cargada de acuosas balas, pero incapaz. Mezcla de enfado y odio. Para conmigo. Para con el mundo entero.

La lista de quehaceres para estos días, como no podía ser de otra manera: interminable. Las ganas de hacer nada: nulas. Así pues, tras mucho zanganear, y con poco sueño debido al tiempo que ha reposado mi cuerpo, me he dispuesto a reordenar la leonera que habito.


Aunque ya tenía cierto conocimiento de ello, he podido constatar que el “síndrome de Diógenes” [6] dormita en mi interior, esperando el momento adecuado para salir. ¡No es ni normal la mierda que había! Documentos almacenados desde hace más de cinco años. Lo cual es todo un mérito, teniendo en cuenta la longevidad de mi habitación y la trascendencia que pudieran tener. En el rato que he dedicado a ello han aparecido: la factura del regalo de cumpleaños de una compañera; documentación variada sobre el TAV [7] y la estación intermodal de Abando, acompañada de invitaciones para una ponencia; recopilación impresa y encuadernada de todo los artículos que otrora publicara Ramón Buenaventura en el, por entonces, suplemento “El Semanal” [8]; recopilación de todos los manuales que con recelo imprimía y clasificaba durante aquellos años en que empezaba a vivir la informática; un sobre marrón en estado de putrefacción donde guardo cada fragmento de una batalla perdido a modo de cartas y conversaciones; mis primeras cintas de casete grabadas canción por canción, identificadas como “SKA-P 1”, “SKA-P 2”, “Hertzainak” y “Carlos Vives”; folios y folios llenos de fotografías sobre kortxo, surf y skate que pegara cuando apenas contaba la docena; un montaje fotográfico que mi tío hizo a sus dos sobrinos ciclistas, por aquel entonces, cuando yo le preguntaba cómo configurar tal o cual cosa, él fue quien me ayudó a crear mi primera cuenta de correo, no sabía qué estaba haciendo…

Recuerdos de toda una vida, toda la que puedo recordar, de sentimientos encontrados, de nostalgia, orgullo y, una vez más, desamparo. Aprovechando la tregua que las temperaturas nos han concedido, chaqueta al hombro, el muro [9] ha recibido mi visita. Más silencioso que nunca y totalmente cubierto, no le ha quedado más remedio que oír mis plegarias en forma de versos memorizados y calentar inconscientemente mi alma.

He vuelto con paso delicado y dubitativo, mirada perdida, cabeza viva y, bajo la mirada de una “Ardilla roja” [10], he sucumbido ante la llamada de Morfeo [11].

--------------------------------

[1] Incomprensible maravilla
[2] Flashback a la perdición
[3] Una velada maravillosa
[4] ¡Qué joven e iluso era!
[5] Game over, you failed
[6] Síndrome de Diógenes
[7] http://sindominio.net/ahtez
[8] http://www.xlsemanal.com
[9] Noches de domingo
[10] http://es.wikipedia.org/wiki/La_ardilla_roja
[11] http://es.wikipedia.org/wiki/Morfeo

2007/11/18

Aprender, sufrir

¿Qué sentido tienen los sueños? ¿Cuál es su fin? Alimentar ilusiones imposibles, perpetuar frustraciones, recordar fracasos. Aderezarlos con esperanza y desconcierto. Transmistir desgana, apatía. Facilitar al frío el acceso al interior, engordar la cuenta corriente de doña soledad. Incomodar la existencia, complicar la concentración. Distraer la atención, inmortalizar las eternas dudas, aquellas que atormentan y ocupan los pensamientos “full time”.


Hay quien dice que son un mecanismo de aprendizaje, que con ellos repasamos y asimilamos cuanto en el día nos ha sucedido. Puede que sea verdad. Pues los peores tienen un detonante común, situaciones con un periodo amplio, pero de igual base. Así y todo, ¿cómo entender la relación? ¿cómo saber su significado si lo que muestran son imposibles, imperpetrables? No sería complicado si lo que nos mostraran fuera creíble, lógico, plausible. Resultan absolutamente irreales, pero, se basan en acontecimientos irrealizables. Refuerzan el desamparo, la soledad, el desengaño...

Si aprender supone sufrir, espero asimilar pronto el mensaje.

El libro


Un no: un sí temeroso. Ojos huidizos. Manos nerviosas, juguetonas, inquietas. Dientes mordisqueando los labios. Dedos enredados entre mechones de cabello. Piernas, largas, entrecruzadas. Cuerpo encogido, aunando fuerzas, personalidad, seguridad. Un sí: un no rotundo. Mirada fija, pícara, provocativa. Convicción en los movimientos. Gestos marcados, atractivos, atrayentes. Sonrisa Celestial. Olor de ensueño. Cruel prohibición. Naturalidad en cada rasgo, facción.

¿Alguien tiene el libro donde entender a las mujeres de este siglo? O, en su defecto, el link para descargarlo.