
La indiferencia no sirve como descipción, pues no es cierto que me de exactamente igual lo que suceda. Sin llegar a ser un apoyo, tampoco me dan igual tu opinión, tu punto de vista, tu parecer. Es una situación extraña. De vez en cuando te da por hacer cosas que se escapan de lo que yo espero, huyen de la lógica marcada ala que había llegado tras un exhaustivo análisis de tu actitud, y eso me desconcierta. Me desconcierta y al mismo tiempo me atrae.
Es una atracción rara, incomprensible. Me gusta sentirla, pese a que muchas veces me saque de quicio. Y me veo incapaz de criticarla, de suprimirla, de intentar desterrala, pues yo también hago a veces cosas sin sentido aparente ni meta definida y es eso exactamente lo que, a menudo, me hace sentirme yo mismo. El hecho de hacer algo que no se espera de mi, algo incoherente, ilógico, en cierto modo sorprendente.
Por tanto, he concluído que mi único problema contigo radica en la comprensión. Simplemente, no te entiendo.
[1] “Si no estáis dispuestos a matar lo que prentendéis odiar, no digáis que odiáis: prostituís esta palabra.” - Montherlant
ohitu zaitez. horrelakoxea izango da zure bizitza, frustrantea.
ResponderEliminar