Hace tiempo tuve una pequeña discusión con respecto a la cesión de los apuntes obtenidos en clase, fruto de la inconsciente competitividad reinante. La respuesta fue simple: con que una sola persona de aquellas con las que he compartido conocimiento haga lo propio, habré adquirido ya el doble de lo que hubiera conseguido yo solo.

Esta última época de la citada línea de “desarrollo”, pero, una historia de egoísmo ha cobrado protagonismo. Nos encontramos mirándonos a un río, con el agua al cuello, ahogándonos por momentos y sin ser capaces de dar un paso atrás. Resulta que la obtención ha desterrado esa indiferente parte que nos impulsa a aportar, y así todo el mundo pide y disfruta procurando no dar a cambio, no vaya a ser que el esfuerzo sea excesivo. El tiempo es lo que tiene, que vale su peso en oro. El propio, claro, el del resto da igual, total a ellxs les sobra.
Por suerte, siempre nos queda la posibilidad de probar y no volver a repetir con esxs egoístas recalcitrantes. Ojalá fuera verdad, y aquellas con un alto grado de generosidad no se vieran a menudo puteadxs por lxs que, se supone, son cercanos. Confiemos en la insostenibilidad del narcisismo magnificado. Claro que, ya llevamos años así.
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